El clima y tú, y yo

I have waited for the rain to come

When through that mist I see the shape of you – Two doors cinema club

No hay mejor que un día como este para escribir. Bruma suave, cielo cubierto, lluvia débil e intensa a ratos, temperatura agradable y una lista de Spotify interesante.

Ya hace años de la Teoría de los climas de Montesquieu (El espíritu de las leyes, 1747), pero el otro día leí un artículo que guarda con esto algo de relación. Resulta que investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur han demostrado con un estudio que los días grises y lluviosos favorecen la memoria y son buenos para el cerebro. Resulta que en días soleados, nuestra mente permanece más distraída, concentrándose mucho mejor que si el día carece de luz. Indagando después por la Red, los de Nueva de Gales no eran los únicos que habían investigado sobre este fenómeno. Hay un montón de estudios que lo prueban.

Ellos lo hicieron con un grupo de personas y el misterio consistía en recordar una serie de objetos viéndolos en días nubosos y en días con sol. La conclusión ya la sabéis.

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Resulta que tenemos mejor memoria hoy jueves 15 a 20º y con lluvia, que hace exactamente una semana a 32º y con sol. Eso sí, estábamos de mejor humor. Yo lo noto. Noto que vienen más recuerdos a mi mente. Y noto las sonrisas más ausentes. Así que corroboro la afirmación.

Así es, la presencia o ausencia del sol determina también nuestro humor. Esta estrella nos aporta vitamina D aumentando nuestra serotonina, que es la hormona que regula nuestro ánimo. Esto puede justificar algunas de las sentencias que circulan en nuestro imaginario social. Las personas que viven en lugares más fríos suelen ser más reservadas, mientras que las que lo hacen en lugares cálidos son más sociables. También cuando absorbemos la energía solar pasamos más de conflictos y pensamientos negativos. Así que esperad al próximo verano si queréis darle una mala noticia a alguien.

Pero no sólo es cuestión de memoria y humor. Montesquieu había ampliado el rango a otros factores llegando incluso a justificar el índice de desarrollo de cada país con el clima. Resulta que la circulación de la sangre en lugares con más frío nos mantiene más activos que en lugares más cálidos. Como consecuencia, somos más trabajadores y menos vagos si pasamos frío.

También influye este parámetro en las emociones. Con climas más calurosos somos más pasionales, mientras que con el frío, controlamos mejor nuestras emociones. Ya sabéis lo que se dice, la primavera la sangre altera, y el verano la altera mucho más.

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Pero que quieres que te diga, en cuestión de vida,

Qué bien que es mis pupilas siga entrando luz del sol. – Izal

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