Pueblos…

Por la noche puedo conocer el sonido de mi corazón, oigo mi cuerpo vibrar y me alegro por estar aquí. – Niños Mutantes

pueblos yo

No importa si está en León, en Guadalajara o en Badajoz.

A nuestro alrededor siempre cambia todo. Excepto el pueblo. Pasen los años que pasen.

El pueblo es ese lugar en el que todo el mundo se saluda; en el que aprecias más los procesos artesanales; en el que no hay prisa; en el que todo va despacio; en el que casi conoces el árbol genealógico de cada vecino; en el que el principal medio de transporte es a pie y la bicicleta; en el que coges la fruta del árbol y el huevo de la gallina; en el que te refrescas a manguerazo limpio; en el que el bar es más que nunca un centro social, y en el que hay unas verbenas que no cambias y ni por la fiesta más selecta de cualquier bar.

Es ese sitio en el que aprendes cosas que en otro lugar son imposibles.   

En ese lugar en el que has nacido, crecido o pasado buena parte de tu vida, la percepción del todo cambia. Todo va a un ritmo diferente.

Tan diferente como el silencio, que no es tal. Porque hay mil y un sonidos que en otro sitio no apreciarías. Sobre todo cuando llega la noche. Cuando la luna alumbra como nunca y las estrellas brillan como siempre. Pero aquí las puedes ver.

Cuando eres pequeño, vas porque no te queda otro remedio. Y cuando eres mayor, vas porque te da la vida.

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