Alsacia, pueblo a pueblo

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Alsacia, tierra de viñedos, de catedrales góticas y de colores. Atravesada por el Rin, las tierras de viñas decoran su paisaje desde Mulhouse hasta Estrasburgo, su capital.

El nombre de Alsacia le viene de otro de sus ríos principales, el Ill, llamado en alemán Elsass o Elsaß, y posteriormente en francés Alsace. Durante toda su historia estas tierras cambiaron de dueño y señor varias veces, primero Francia y luego Alemania, y luego Francia y luego Alemania, y así sucesivamente hasta 1944, año en el que se reincorporó a Francia por última vez.

Famosa por su vino blanco y su denominación de Vins d´Alsace, la ruta de los vinos – La Route des Vins d’Alsace – abarca 170 kilómetros. Por el camino, te acompaña un paraje único lleno de tonos ocres, verdes y marrones. Las paradas obligadas en muchas de las villas que salpican el camino completan el resto del espectro. Estas son algunas de las que visitamos en nuestro periplo alsaciano.

Thann, un pueblo pequeño y acogedor. Ofrece al visitante un agradable paseo por el centro y varias rutas de senderismo que suben hasta un alto encima del río.

Thann

Thann

Eguisheim, imprescindible. Espectacular el paseo por las calles interminables de este pueblo que parece sacado de un cuento de enanitos, y sino, fijaos en la altura de las puertas en algunas casas. A unos 5 kilómetros al sur de Colmar.

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Kaysersberg, otro imprescindible. El río rodea esta villa que se encuentra en el corazón de la ruta alsaciana. Ofrece un largo paseo por sus calles y plazas presenciando la belleza de sus edificaciones de madera. En lo alto hay un castillo al que se puede acceder siguiendo las escaleras y desde el que poder admirar una bonita panorámica.

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Colmar, el más grande. Desde luego es más ciudad que los anteriores, pero como el resto, se pueden visitar a pie. El centro de la villa es fantástico para un largo paseo, y no hay que pasar por alto una visita a la parte denominada la Petite Venice, descubriréis el porqué.

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Riquewihr. Se encuentra a muy poquita distancia desde Colmar así que no está justificada su ausencia en la hoja de ruta. Cruzando el arco del Hotel de Ville se accede a la calle principal de todo lo que hay que ver en él. Un poco más del estilo alsaciano: casas de madera de mil y un colores, y tejados “de pico” como dice mi abuela.

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Ribeauvillé. Un poquito más grande que el anterior y a muy poca distancia del mismo.

Sélestat. Para una pequeña parada si vamos de camino a Estrasburgo. Los martes por la mañana tiene lugar un mercado que se instala a lo largo y ancho de la Vieille Ville.

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Gastronomía: las tartes flambées, una especie de pizza con la masa finísima a base de agua y harina; y la choucroute, cocido a base de col agria. Para los más golosos, el Kugelhof, un bizcocho con el borde de almendras que se puede encontrar en cualquier establecimiento de repostería.

Alojamiento: Apartamentos Celia en Wittisheim. Se encuentra a las afueras del pueblo, pero teniendo coche es ideal. Tiene espacio para aparcar y salida directa a las principales carreteras. €90 por tres noches. Cuidadosamente ornamentado, con calefacción y todo lo necesario para un buen desayuno. Su dueña, con la que había contactado previamente, fue encantadora. Totalmente recomendable.

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3 respuestas a “Alsacia, pueblo a pueblo

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