Budapest Parte II

Budapest es la capital de Hungría y está divida en dos: Buda y Pest, por el río Danubio. La primera de las partes es la zona residencial, mientras que Pest constituye el centro neurálgico de la ciudad.

Después de conocer estos datos básicos, por la mañana bien temprano, a pesar de lo remolones que se hacían algunos, dimos la bienvenida oficial a la ciudad. Armados con abrigo, bufanda, gorro y guantes salimos por la puerta del apartamento para sufrir el primer golpe de frío, para el que aún no estábamos preparados (faltaba una ventana en el pasillo del edificio).

Tras hacer el cambio de moneda oportuno (de euros a florines húngaros), desayunamos en un coqueto café en el que le pedimos a la camarera tres capuchinos mediante señas. La chica no entendía mucho el inglés, pero nos arreglamos de todas formas.

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Cogimos el metro en Blaha Luzja tér para ir hasta Bathyány tér y poder visitar el Castillo de Buda. También conocido como Palacio Real por ser la antigua residencia de los reyes húngaros, se construyó en el siglo XIV, aunque por causas bélicas, sufrió numerosas restauraciones y remodelaciones hasta llegar a lo que vemos actualmente.

Tras recorrer el castillo y tomar unos pocos rayos de sol en su acogedor patio, nos dirigíamos hacia el Bastión de los Pescadores para ver la famosa panorámica de la ciudad, cuando nos sorprendió el cambio de guardia a las puertas del Palacio Alexander, actual sede presidencial. Creo que junto con la salida del avión, pasé el frío más intenso que había sentido hasta entonces. Quedarse parado durante más de cinco minutos no es un buen consejo cuando estás en la zona más alta de la ciudad a temperaturas bajo cero.

Con el fin de aumentar un poco el calor corporal, que había descendido considerablemente, subimos las escaleras hasta lo alto del Bastión corriendo. De mucho no sirvió, pero algo sí que ayudó porque poco a poco iba sintiendo las partes de mi cuerpo. La vista desde arriba, al igual que desde el palacio, era espectacular, aunque desde aquí quizá fuera más limpia. (Ver Budapest Parte I)

Parlamento Budapest

Al bajar, cruzamos a Pest por el puente más conocido de todo el Danubio, el Puente de las Cadenas. Éste es el más antiguo de Budapest, inaugurado en 1849, después de estar 20 años en obras.

Danubio

El siguiente punto de interés en nuestro camino fue Váci Utca, junto a la Avenida Andrássy, es la más importante de la ciudad. Se trata de una calle peatonal en la que puedes encontrar de todo: ropa, complementes, recuerdos, raros centros comerciales donde casi exclusivamente ves camisetas de Puskás y huevos pintos, cafeterías, restaurantes y un largo etc.

El principal objetivo, además de verla, era encontrar un sitio para comer, pero no fue tarea fácil ya que queríamos llegar al Mercado Central, el más grande de Budapest, y nadie sabía dónde estaba. Así que en el recorrido nos topamos con la pastelería Gerbeaud House, la más antigua y famosa de la ciudad, en la plaza Vörösmarty tér. Según Raúl, el pastel (que no recuerdo de que era) estaba exquisito (la verdad que la pinta que tenían hablaba por sí sola).

Siguiendo nuestro camino, y tras preguntar a los lugareños, llegamos al gran mercado, cuyo nombre es Nagyvásárcsarnok, con razón nadie nos entendía al preguntarle por el mercado central. Así que allí nos aposentamos para degustar rica comida húngara y un vaso típico de vino caliente. Para mí, es algo que tienes que probar pero en pequeñas dosis, y por supuesto antes de que se enfríe. Es muy dulce, casi empalagoso, y frío es intragable.

Cuando salimos de allí, ya era casi de noche (15:30 aprox.), pero aún nos quedaba tomar un café calentito. Del sitio en el que entramos solo diré que parecía la minicasita de la abuelita, pero con botellas de Jäguermeister, con una señora que no entendía otra cosa que no fuera húngaro y en la que sólo cabía un señor y nosotros. El café, eso sí, fue bien barato.

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De vuelta a casa vimos otros imprescindibles como la Sinagoga Judía, la segunda más grande del mundo después de la de Jerusalén, y un estupendo bar donde tomamos un gin tonic al módico precio de unos dos euros con algo pudiendo elegir hasta la marca de ginebra.

Para la cena fue fácil ponerse de acuerdo: un par de pizzas y unas patatas en el Spar (por lo que vimos el principal supermercado de la capital), obviando el maravilloso y estupendo bote de tomate que sabía a hierro que compramos para las patatas. ¡El tomate más horrible que habíamos probado en nuestras vidas!

Tras la cena de pizzas en el microondas y patatas sin aceite y con tomate del Spar, hicimos recuento de lo acontecido hasta el momento: una ciudad acogedora y bonita con un encanto y colorido especial propia de los países centroeuropeos, al menos como los representa mi imaginación. Pobre en decoración navideña, como pobre en pasos de peatones, que hay que andar calles enteras para poder cruzar legalmente hacia el otro lado, así fue como nuestro taxista particular del primer día casi atropella a dos viandantes. Cosas que pasan…

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